La Manipulación

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La manipulación es también una característica que comparten estos personajes (Victima/Victimario), pero desde la polaridad.

La victima manipula mediante los favores, las atenciones excesivas sobre las necesidades de los demás y su entorno, así va generando una especie de lista al Debe, es decir la victima siente y cree que en algún momento cuando requiera de un favor o petición cualquiera, esa lista le asegurará un Sí por respuesta, sin embargo, cuando esto no sucede (se transforma rápidamente en victimario) y comienzan los cobros: ¡Y todo lo que yo he hecho por ti! ¡Todo lo que yo he sacrificado por ti!, etc.

Por otro lado, nuestro victimario(a) tiene otras formas de manipulación que son directas para obtener lo que desea. Mediante el poder utilizará la violencia psicológica, violencia verbal, violencia física y la Indiferencia (silencio).

El victimario(a) es experto en doblegar la voluntad de quienes le rodean, suele tener un carácter muy fuerte, explosivo, e intimidante. Hace creer a la víctima que es tan poderoso(a) que hasta tiene poderes más allá de sus fronteras.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Te has sentido manipulado(a)?
¿Sientes que siempre están en deuda?
¿Sueles prestar dinero que jamás te devuelven?
¿Recibes y pides ayuda con facilidad?
¿Logras trabajar en equipo?
¿Cómo te manipulan tus pensamientos?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
Espejos y Fractales del Alma
@efdalma
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La Queja

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Debemos tener presente y recordar que ambos se encuentran viviendo en el exceso, mientras la víctima se encuentra profundamente desvalorizada, porque haga lo que haga nunca termina de satisfacer o cumplir las expectativas, esta sensación de insatisfacción prontamente se transforma en una tremenda Queja: nadie me ayuda, nadie valora lo que hago, nadie me celebra etc. Sin embargo, cuando alguien ofrece su ayuda la víctima se encarga de hacer sentir al otro inferior, recordándole que nadie lo hace mejor que ella/él y que por este motivo no puede dejar de hacerlo.

En definitiva, gracias a su actitud de querer hacer todo por los demás se rodea de un sequito de lo que luego denominará Inútiles.

Nuestro victimario(a), se quejará constantemente porque no logra encontrar en su ambiente a alguien o algo que lo satisfaga en sus necesidades y por lo tanto difícilmente conectará con la gratitud.

s como si su cerebro estuviera entrenado para ver siempre el error. Logra estar muy pendiente de los detalles, pero de los detalles negativos, de lo que falta o lo que se hizo mal.

Ambos, víctima/victimario(a), comparten la sensación de jamás encontrar soluciones que sean dignas de sus estándares tan altos, por este motivo se hunden en la queja que no tiene fin.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Frente a la dificultad soy proclive a buscar a los culpables o a buscar las soluciones?

¿Logro sentirme satisfecho(a) con mis logros o me quejo diciendo que podría ser mejor?

¿Estoy siempre en el futuro diciendo: “La próxima vez arreglaré tal o cual detalle”?

¿En mi día a día estoy más conectado(a) con la gratitud o con la queja?

¿De qué suelo quejarme?

¿De qué se queja el mundo conmigo, que es lo que me cobran usualmente?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
Espejos y Fractales del Alma
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La Culpa

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La víctima, siempre siente Culpa, se levanta y acuesta con culpa, es más, es como si tuviera distintos equipajes con la culpa, en todo su quehacer, es su mejor compañera, quien la aconseja y le da motivación para seguir de víctima.

El victimario (a), por otra parte, no suele sentir culpa, sin embargo, cuando en algún momento logra pisar una pizca de ella, se las arregla para hacer parecer que su comportamiento violento, poco asertivo o fuera de sí, es responsabilidad del otro, es decir no asume la parte que le corresponde.

Utiliza además lenguaje físico con sus manos, o su cabeza, y la víctima hipnotizada lo va repitiendo, encontrándole la razón. Es común que el victimario (a) diga cosas como: Yo sé que tal vez la forma no fue la más adecuada, pero en el fondo si tu no hubieras hecho (esto o esto otro), yo no me habría enojado, yo no te habría insultado, yo no te habría castigado, etc. Pone la responsabilidad de su violencia en otro que interpreta de víctima.

La culpa, merece ser tratada con respeto.

No es necesario que analicemos desde dónde se gestó, ya que podríamos entrar en discusiones que nos lleven a las filosofías religiosas, en mi caso el solo hecho de aceptar que la culpa era el primer programa que mi cabeza echaba andar religiosamente al despertarme, con eso solo me basta para poder hablar de ella. Paso a comentarte algunas características:

Castigo: Recordemos que todos los culpables merecen ser castigados, porque en estricto rigor hicieron algo malo, son seres malvados (no respetan las normas, los buenos modales, trasgreden límites, sin respeto de la autoridad, etc.), esto generará en nuestro interior la sensación de que hicimos algo mal, que el error o equivocarnos es fatal y que por lo tanto Merecemos castigo por nuestras conductas poco dignas, por no ser merecedores de un premio o las felicitaciones de nuestros actos.

Por lo anterior, si la vida misma no nos castiga con algún accidente, nosotros nos las ingeniáremos para que alguien nos critique y si eso tampoco nos resulta, comenzaremos a rumiar algún pensamiento delincuente que se encargue de ello.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Qué palabras uso para castigarme?

¿Qué situaciones me generan culpa?

¿Vivo pidiendo perdón por todo?

¿Me siento responsable de cada cosa que resulta mal?

¿Suelo tener gente a mi alrededor que me critica constantemente?

¿Acepto los errores como parte del aprendizaje o rápidamente me castigo?

¿Culpo a lo demás de mis situaciones desfavorables?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
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La piedra en el zapato

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Muchas veces en nuestra vida, nos encontraremos con pequeños obstáculos, y decidimos conscientemente hacer la vista gorda o pretender como que nada está pasando o le restamos la verdadera importancia.

Es necesario darnos cuenta de que siempre podemos decidir cómo queremos vivir o decidir con valentía hacernos cargo de esas pequeñas piedras en nuestros zapatos. Para esto debemos detenernos a pensar y generar las acciones correctivas a las que estos obstáculos pequeños nos invitan a reflexionar.

Porque tarde o tempano aquellas piedrecillas que parecían pequeñas molestias, se van acumulando en nuestra vida y terminan siendo verdaderas Rocas que nos demandarán mucha energía y esfuerzo en poder sortearlas.

Estas pequeñas piedras, son la invitación o la oportunidad para que tomes consciencia de que lo natural es que vayas por la vida liviano, sin dolores, caminado con confianza, sin arrastrar pesos que tú mismo(a) tal vez te hayas impuesto.

La vida siempre nos susurra, siempre está dispuesta y a nuestro favor, sin embargo, cada uno de nosotros(a) debe hacer su parte (arte), para transitarla de la mejor manera.

Te dejo la inquietud para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Dejo pasar las pequeñas incomodidades, con la ilusión que se resolverán por arte de magia?

¿Tomo acciones correctivas cuando tengo obstáculos en mi camino?

¿Cuántas piedrecillas se han convertido en verdaderas rocas en mi vida?

¿Veo los obstáculos como oportunidades o me dejo colonizar por la queja y el victimismo?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
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Ausencia de límites saludables

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La victima (o/e), dice a todo que Sí, es como si tuviera una especie de piloto automático, y esto lo podemos entender porque la victima (o/e) evita los conflictos a como dé lugar. En algunas oportunidades, y tal vez en la mayoría de las ocasiones, la victima (o/e) dice un Sí cuando en realidad es un No, sin embargo, desdecirse le genera tanto dolor interno que termina cediendo frente a los deseos, favores y peticiones de los demás.

Es en este punto donde se desdibujan los Límites. Simplemente no puede poner límites porque eso significaría aprender a decir NO.

Esto se justifica porque la victima (o/e) sabe y tiene la experiencia de vivir en presencia con su polaridad el victimario (a/e) quien no acepta un No por respuesta (ya que esto genera conflicto). El conflicto se resolverá mediante la violencia física, verbal, psicológica, sexual, monetaria y, la más dolorosa de todas, la Indiferencia. Por lo anterior nuestro victimario (a/e) también tiene desdibujados los límites del otro, arremete y se adentra más allá de lo que podría ser saludable.

Nuestro victimario(a) no acepta un No por respuesta, y tiene técnicas muy sutiles como por ejemplo la insistencia a diferentes horas del día, cobrar favores realizados en el pasado, mostrarse incapacitado(a), incluso usar una enfermedad y el dolor como manipulación para conseguir ese tan anhelado Sí.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

 

¿Soy consciente de mi piloto automático del Sí a todo?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones familiares?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones laborales?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones de pareja?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones conmigo mismo (a)?

¿Qué me pasa cuando recibo un NO por respuesta?

¿Acepto respetuosamente los límites de los demás?

María José Tardón García
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Conflicto de Identidad (¿Quién Soy?)

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La Victima, va generando un profundo conflicto de identidad, porque en su afán de no generar conflicto o problemas se camufla o se pierde en los deseos de los demás.

Es decir, si no está de acuerdo con algo prefiere callar antes que manifestar lo que piensa y menos lo que siente, esta es una manera de defenderse ya que sabe que para ella (él) el conflicto trae castigo por parte de su perpetrador(a) (castigo físico, psicológico, verbal, emocional)

Si dedicamos gran parte de nuestro día a satisfacer los deseos de los demás nos volvemos muy observantes de nuestro entorno, desde una sensación de estar constantemente en modo alerta (supervivencia). Y en este afán vamos perdiendo nuestra identidad, llega un día en que no podemos tomar decisiones, que esperamos siempre que alguien más decida por nosotros o comenzamos a contestar con un ¿No sé, elige tú, qué quieres tú, lo que tú decidas estará bien para mí?. Ya no sabemos quiénes somos realmente, sintiéndonos vacíos y profundamente solos (as).

También lo hacemos por sentir la sensación de molestar y no ser merecedores de que alguien tenga un gesto donde se satisfagan primero nuestros deseos o necesidades como siente la víctima(o). Es por lo anterior, que la víctima(o), siempre pide perdón por todo, pide perdón en realidad por su existencia y se va conformando con migajas.

La crisis de identidad también nos puede conectar con la sensación de estar perdidos(as) y asustados de no poder definirnos o tomar decisiones.

Por otro lado, nuestro perpetrador(a), debe recordar que siempre en esta vida hay alguien por sobre o debajo de nosotros, o así al menos pensamos esta realidad/dualidad. Por lo tanto, quien tiene conductas de victimario(a) en la casa o trabajo les aseguro que tiene un nicho donde es la más profunda de las victimas(o), esto suele suceder generalmente con nuestros progenitores, porque esta conducta ha sido aprendida de uno de ellos, no se desarrolla por osmosis.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Puedo tomar decisiones sintiéndome libre?

¿Me siento merecedor?

¿Si soy el único(a) que quiere algo diferente, me atrevo a manifestarlo, me atrevo a pedirlo?

¿Me quedo pegado(a) en la duda cuando quiere decidir algo?

¿Qué tan seguido otros deciden por mi o me dejo llevar por la masa o lo que la mayoría piense?

María José Tardón García
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Nuestra Mente

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Nuestra maravillosa mente o como algunos le dicen el Cerebro; necesariamente al cuidar nuestro cuerpo mental implica el cuidado de nuestros pensamientos.

Para lo anterior, es necesario obsérvanos, escucharnos y prestar atención hacia dónde nos llevan nuestros pensamientos, cuáles son nuestros pensamientos repetitivos, con que historias nos conectan, hacia qué recuerdos nos llevan y cómo divagan estos pensamientos.

Cuando hemos sido atrapados(as) por un pensamiento delincuente, es preciso volver a prestar foco y volver a nuestros objetivos, nuestras metas, la manera en cómo queremos vivir nuestra vida, de lo contario nos veremos colonizados por pensamientos sin rumbo, que nos llevan a recuerdos sin sentido, a perder mucha energía rumiando lo mismo, un solo pensamiento puede gatillar un sin fin de sensaciones, emociones y sentimientos como la angustia, ansiedad, miedo. Así como también hay pensamientos que nos conectan con nuestra salud, nuestro bienestar, nuestra sensación del logro y de vivir en armonía.

La manera que yo he encontrado para nutrir mi mente es a través de la lectura de los temas que me interesan, a veces de libros que no comprendo así ejercito y abro nuevas perspectivas, también escuchar audiolibros, ver imágenes que sean concordante con mis metas. En algún momento me di cuenta que puedo decidir conscientemente hacia dónde dirigir mis pensamientos.

Te invito a que te hagas las siguientes preguntas:

¿Soy consciente de mis pensamientos recurrentes?

¿Soy consciente que puedo dirigir mis pensamientos hacia objetivos y metas saludables para mí?

¿Qué valor le doy a mis pensamientos?

¿Cómo me puedo nutrir de nuevos pensamientos, de nuevas rutas del pensamiento?

¿Qué pensamientos me conectan con el bienestar?

¿Qué tan rápido conecto con pensamientos que son dolorosos, tristes o de miedo?

¿Qué tan rápido conecto con pensamientos de valor, capacidad, de logro?

 

María José Tardón García
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Auto cuidado

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Hoy en día está muy de moda esta palabra, y no puedo evitar conectar nuevamente con la importancia de volvernos adultos, ya que el autocuidado tiene que ver con eso, nadie más lo hará por ti, porque justamente esta es nuestra Responsabilidad.

Podemos seguir echándole la culpa al exceso de trabajo, al poco tiempo, a nuestras programaciones inconscientes o al sistema de gobierno de turno, sin embargo ¿Quién más que nosotros mismos podemos atrevernos a hacerlo diferente?

El autocuidado debe darse en todos los niveles del ser , y siempre ha sido más fácil de lo que nosotros mismos nos hemos convencido.

A nivel físico, cuidar la alimentación y ejercicio, de esto no es necesario gastar grandes sumas de dinero pagando por comida muy cara o programas alimenticios o gimnasios. Si alguien lo puede hacer y quiere super bien, sin embargo, si tu cabeza te dice que eso es privilegio de unos pocos te está mintiendo descaradamente: Caminar todos los días depende de ti, Dejar alimentos que no te hacen bien depende de ti, dejar de estar echado(a) en la cama viento televisión o redes sociales también depende de ti.

De paso al activar estas acciones entramos en la sensación de tener poder sobre nosotros mismos y no la sensación de ser un títere de las programaciones (creencias) o la sociedad.
Te invito a que te hagas las siguientes preguntas:

¿Cuánto estoy moviendo mi cuerpo físico?
¿Me gusta hacer actividades de autocuidado?
¿Sé que hay muchos tutoriales gratis para empezar una disciplina?
¿Cómo me alimento?
¿Estoy atrapado(a) en el mundo de la comida chatarra?

María José Tardón García
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Pasamos del Alcohol Gel a las Armas

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El miedo a lo que nunca vimos: un virus (microscópico), causó el confinamiento, muerte, aislamiento de miles de miles de personas a nivel mundial. Toque de queda, restricciones para comprar, pobreza, economía estancada y en resumen pérdida de libertad.

Y al parecer el virus se hizo carne (idea a la materia), y nos infectamos de delincuentes nacionales y extranjeros cuyos efectos y modus operandi son muy similares al COVID: miedo de salir, miedo de morir, miedo de perder a un ser querido. Ya no se puede ir a comprar o trabajar tranquilos, y del alcohol gel pasamos a la idea de aprender a disparar o tener gas pimienta o electroshock.

La vida, nuestra vida siempre tan creativa, mismos conflictos donde cambian los escenarios y los personajes, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo: Miedo.

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
Espejos y Fractales del Alma

Nuestras Oportunidades

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Esta palabra inevitablemente me conecta con la desconstrucción de: o-por-tu- unidad, es decir entrar en la profunda sensación que todo lo que sucede a nuestro alrededor es para que volvamos a sentirnos íntimamente unidos con nuestro mundo interno y por lo tanto con la vida.

Vamos a activar esa parte de nosotros, esa voz interior capaz de poner de acuerdo a todo nuestro ser interno (nuestras voces), para que en lugar de conectar desde la queja (del pobre de mí, del ¿por qué me pasa esto si soy tan buena(o)?) nos detengamos a pensar por un momento: ¿Cómo quiero vivir esta situación?  Es cierto que las emociones se dispararán por estar entrelazadas a nuestras creencias, sin embargo, en algún momento debemos permitirnos el regalo de sentarnos a reflexionar sobre las nuevas oportunidades que trae esta supuesta desgracia, desavenencia o los resultados que no esperábamos. Es más bien un aviso de la vida para tomar otro camino, decidir diferente.

La capacidad de ver oportunidades, donde otros solo ven caos, peleas, decepciones, es algo que se entrena, y para eso debemos querer pensar de una manera diferente, salir de la caja o de la zona de confort y lo más importante: CONFIAR en la VIDA.

Debemos recordar que nunca vemos lo que realmente esta sucediendo, solo vemos interpretaciones de nuestra mente en relación con nuestra programación inconsciente, a nuestras creencias, y como si eso fuera poco, solo percibimos un 3% de la supuesta realidad, desde nuestro punto de vista y con las limitaciones de nuestros sentidos.

¿Cómo hacerlo? Permitiéndonos entrar en la calma desde nuestra frecuencia racional, usar alguna técnica de respiración intencionada, o tratar de ver y percibir la situación, disociándonos como si fuera una película. Estas dos herramientas nos permitirán tomar distancia de la sobre identificación con una situación. Recordemos que no siempre tenemos que estar en modo alerta-supervivencia, que nuestra biología es sabia y que sabremos perfectamente cuando es necesario subirnos a la corriente de la huida, defender nuestra integridad o hacernos el muertito.

Sin embargo, cuando estamos frente a situaciones cotidianas es necesario reeducarnos, para aprender a mantener la calma, la mesura, aprender a escuchar y luego tomar decisiones o una postura. Nada bueno resulta de discusiones acaloradas, terminamos pronunciando palabras de las que luego tendremos que hacernos cargo.

Recordemos que la víctima/victimario siempre se siente atacada(o) o está preparada para atacar, nuestro cuerpo será el mejor de los sensores para identificar cuándo estamos entrando en estas frecuencias (el cuerpo se aprieta, palpitaciones rápidas, nuestras mejillas enrojecen, nuestros puños se aprietan, nuestro estómago duele, y tantas otras señales de nuestro sabio cuerpo), es en esos momentos donde debemos hacernos conscientes que nadie nos está haciendo nada, donde es solo información que estamos interpretando, y que tenemos el PODER INTERNO, de decidir como las vamos a vivir. Te ánimo a que ya no vivas más en piloto automático.

Te dejo las siguientes preguntas:

¿Sueles sentirte ofendido con facilidad?

¿Sientes que el mundo te ataca?

¿Te sientes inseguro(a) en algunos ambientes (laborales, familiares)?

¿Sientes que pensar diferente es sinónimo de conflicto y violencia?

¿Te sientes cómodo(a) escuchando opiniones diferentes a las tuyas?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
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