Tomar Decisiones

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Muchas veces tenemos la sensación que tomar decisiones es difícil, porque sentimos miedo.

Otras veces, cuando ya las tomamos entramos en el arrepentimiento de no haberlo hecho antes, y sentimos una profunda pérdida de nuestro tiempo y con eso mucha culpa.

Finalmente Nos castigamos por sí o por no:

Si la tomé ¿por qué no lo hice antes? Y Si no fui rápido decidiendo me siento un cobarde.

¿Cómo encontrar entonces el equilibrio?

Muchos te dirán que el tiempo obedece a los procesos, otros, que es la experiencia que tienes que vivir. Hay quienes incluso te pedirán paciencia y que respetes tus tiempos.

En mi caminar, muchas veces he tomado decisiones apurada, sobre la marcha, de forma impulsiva, otras veces he dejado pasar el tiempo esperando no tener que hacerlo, esperando que se resolviera solo, tal vez con una señal divina o un milagro.

Sin embargo, quisiera contarles que, sin importar la velocidad de mis decisiones, algo que han tenido aquellas que llamo asertivas han tenido que ver con un profundo latir y pulsar de mi corazón, que ha ido de la mano también de mi Intuición.  Es por esto, que en algún momento me di cuenta que no se trataba del tiempo, ni del plan, ni de los procesos, ni de los aprendizajes…

Cuando se enciende la certeza del Alma, una voz nos dirá: AHORA VE POR ELLO, y es esa escucha atenta lo que me ha permitido luego encontrar satisfacción en mis decisiones.

No era la forma, era el fondo, era el DESDE DÓNDE.

Muchas veces, no he comprendido procesos, muchas veces no he podido realizar la introspección de las situaciones, lo único que sí sé y siento, es que de esta manera he podido ir encontrando mi CAMINO DE REGRESO A CASA.

Te invito a reflexionar:

¿Te cuesta tomar decisiones?

¿Te arrepientes de algunas?

¿Cuándo fue la última vez que te arriesgaste por seguir tu intuición?

¿Requieres de la aprobación de otros para decidir tu vida?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
Espejos y Fractales del Alma
@efdalma
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¿Serán necesarios los recuentos o balances de fin de año?

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Estamos a unos pocos días del cambio de año, y confieso que no me he sentido inspirada frente a la pregunta de mis pacientes ¿Qué ritual me recomiendas para este fin de año?

Es cierto que existen un montón de rituales para hacer, así como los recuentos de lo que nos ha pasado, en los aspectos positivos y en aquellos que nos han traído alguno que otro dolor.

A veces, está bien el silencio y permitirnos la rendición frente a este y no tener ganas de hacer o celebrar nada.

Sin embargo, me gustaría compartir contigo lo que ha surgido en mí, gracias a las experiencias vividas y acumuladas durante mi vida, una parte importante ha comprendido hasta la médula lo profundo de querer VIVIR la vida más que SOBRE-VIVIRLA, y por este motivo, es que con alegría y entendiendo que la VIDA es un juego, me lanzaré a realizar cuanto ritual se me ocurra siempre y cuando sea divertido para mí y me haga sentido. He comprendido además la importancia de no estar en modo grave y ser siempre tan profunda en mis apreciaciones, un poco de liviandad es necesario en este juego también.

Sí, como cada año realizaré mi listado de las tan anheladas metas y objetivos, pero prestaré mucha más atención a esas metas que, por pequeñas, muchas veces las he pasado por alto. Espero poder hacer más vívida esa frase que dice: La vida está hecha de pequeños detalles.

De lo anterior espero no pasar por alto estos detalles como justificación para conseguir los más grandes, una buena parte de mí acepta que el camino recorrido a veces es incluso más importante que la tan esquiva meta final.

Y cuando hablo de detalles, realmente lo son: Tomar agua, dormir y respetar el descanso y por sobre todo divertirme mucho más para sentirme Feliz.

Así que te dejo las siguientes preguntas:

¿Qué me hace feliz, qué me entrega paz y tranquilidad?

¿Cuáles son mis sueños para este 2023?

¿Qué detalles simples he perdido en el camino o he dejado de lado?

¿Qué detalles simples me hacen muy feliz?

¿Será necesario hacer el recuento de fin de año? y ¿Desde dónde lo haré?

¿Me daré permiso para realizar rituales?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
Espejos y Fractales del Alma
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¿Cómo ha ido cambiando el sentido de la Navidad para mí?

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Siempre en estas fiestas nos encontraremos con muchas corrientes de pensamientos y creencias. No faltan quienes prefieran seguir las corrientes del Grinch, de estar enojados aun con estas fiestas, de entrar en el sinsentido, de decidir apartarse o alejarse, de sentirse consumidos por las obligaciones familiares o el gastadero de dinero en regalos muchas veces hechos solo por compromiso.

Hay otros que disfrutan estas fiestas, las esperan, decoran sus casas, con árboles llenos de adornos, planifican los amigos secretos, incentivan a los pequeños y a los adultos a realizar listas de regalos, planifican la cena y alguna que otra sorpresa, también realizan rituales religiosos como la Misa del Gallo para celebrar el nacimiento del Niño Jesús.

Me pregunté: ¿En qué vereda estuve y estoy actualmente?

De pequeña me encantaba la navidad, eso de creer que el viejo pascuero traía regalos solo porque eras pequeña, si bien es cierto no siempre le achuntaba, no recuerdo haber pensado que eso era por haber sido mala, mal portada o mala alumna, solo me sentía contenta. También me encantaba el árbol de navidad, crecí con árbol navideño de verdad, de pino, que nos daba alergia a mis tres hermanos y a mí, lo decorábamos muy colorinche, recuerdo que algunos adornos eran “delicados” y literalmente si se caían se rompían, estaban hechos de vidrio. Las luces, que todos los años sumaban una que otra quemada y probábamos las antiguas para cambiarlas, siempre escuche a mi madre decir que “el próximo año me adelantaré y compraré luces nuevas” (eso nunca ocurrió mientras fui niña jajajaja, era un espectáculo de algo de miedo pensar que nos electrocutaríamos). Bueno eran otros tiempos.

No recuerdo quien gentilmente mató mi ilusión de la navidad, tal vez fue la señora que nos cuidaba, pero ya a mis nueve años me mostró donde estaban ocultos los regalos, no lo recuerdo como algo triste, pero algo cambió.

Evidentemente los adultos de mi casa, especialmente mi madre, quería siempre hacer de esta fecha algo tan especial, que de tanto esfuerzo terminaba histérica, gritando, muy autoexigida entre la limpieza de la casa, el armado del árbol, la compra de regalos, su trabajo y cuatro hijos. Decía que era la fecha más importante porque unía a la familia, se compartía una cena y había regalos.

Muchos años después en mi adultez traté y lo juro con mi corazón, traté de seguir esta tradición, sin embargo, cuando comencé el camino del autoconocimiento muchas fiestas dejaron de tener sentido para mí, y una de estas fue la Navidad. Y ahora lo comprendo, porque inevitablemente pasaban dos cosas: la primera era que estaba atrapada en mi papel de víctima/victimario y por lo tanto tenía todo un pergamino de todos mis dolores para cobrar a la familia, así que por algunos años me transformé en el Grinch, me revelé de una forma dolorosa en estas fiestas, quería demostrar que eran una mentira social donde solo se gastaba dinero, te llenabas de deudas y comprabas solo por rellenar un compromiso.

Años más tarde y desde que nacieron mis hijos, algo se volvió a encender en mí, y no solo con la navidad, sino también con todo el mundo mágico infantil. Hadas, duendes, dragones, autos que hablan, todo lo que podía volver a imaginar y recordar de mi niñez. Era evidente, aún seguía enojada con mi familia, pero mis hijos ¡ellos eran otra cosa!

Sí debo confesar que he modificado ciertos aspectos como, por ejemplo, esas cenas de tanta comida, ya no va más, solo porque es excesivo y terminamos enfermos del estómago, pero la magia de la lista, los regalos, los juegos, todo eso volvió a aparecer. Hemos hecho la tradición de decorar el árbol a la pinta de ellos, tengo fotos y videos donde el árbol está literalmente solo adornado a un lado, a eso sumado los adornos del colegio y una que otra cosita de sus propios juguetes. Jamás hablé con ellos en términos si se portan bien o se portan mal, hemos tenido navidades solo los cuatro o a veces con más familia, depende netamente de que tan introspectivos estemos, ya no desde la pena, el deber ser o el cumplir.

Mi hijo mayor, ya sabe que no existe el viejito pascuero, sin embargo, ha decidido seguir creyendo y quiere que su hermano tenga esa ilusión por lo menos dos años más. De pequeños ellos han visto el trineo en el cielo y yo siempre me pregunté ¿por qué no? Nuestro cerebro es capaz de eso y mucho más.

Actualmente, siento que cualquier instancia es válida para compartir, da lo mismo la ocasión, navidad, año nuevo, día del conejo, día de la araña, ya sinceramente no me importa. He tomado una especie de consciencia de que mi vida me pertenece y por lo tanto puedo decidir desde dónde quiero vivir ciertas experiencias, solo sé que mi corazón cada vez está mucho más en paz respecto de los recuerdos de mi niñez o mi pasado, solo sé que me encanta tener excusas para comer algo rico, tomar algo rico y compartir con los que amo, solo sé que ya no me obligo nunca más a comprar porque si, o por el deber ser. Porque aún me encanta ver la cara de mis seres queridos cuando reciben una sorpresa.

 

Te dejo la inquietud:

¿Y tú en qué estas en esta navidad?

¿Cuáles son tus recuerdos de estas fiestas en tu infancia?

¿Con quién estarás este día?

¿Qué sentimientos predominan en ti?

¿Disfrutas de estas festividades?

¿Te sientes obligado a comprar regalos y participar de amigos secretos?

¿Te sientes obligado a participar de las fiestas del trabajo y escolares?

¿Te gusta la música navideña o te irrita?

¿Aún estás enojado con estas fiestas?

Estas preguntas te podrían conectar con aquellos discursos que aún te dañan, no significa que si celebras estas fiestas eres más saludable del dolor, es desde donde decides tu vida. Puedes no sumarte a estas festividades, y si eres feliz así y te sientes en paz No pasa nada.

Aprovecha estas instancias para regalarte aquello que sientes te falta, aquello que te conecte con tu tranquilidad y tu paz.

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
Espejos y Fractales del Alma
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Fragilidad frente al cambio

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Muchas veces a lo largo de nuestras vidas, estamos siendo partícipes de experiencias nuevas para nosotros.
A veces se trata de un cambio de colegio, carrera, de casa o independencia.
Comenzar nuestro primer trabajo, nuestro primer viaje solos y así mucho más, tenemos infinidades de primeras veces que necesariamente nos conectan con un cambio, que no siempre es planificado. A veces estos cambios son abruptos o impuestos por agentes externos.

Pero, hay algo que se activa en nosotros, y es nuestra fragilidad, porque nos vamos a un terreno desconocido, donde tendremos que poner sí o sí a nuestro servicio nuestras herramientas internas y abrirnos a la posibilidad de adquirir algunas nuevas.

Tomar conciencia que la vida es un cambio constante, nos sacará de la ilusión de lo estático, de la llamada zona de confort, de la aburrida y a veces violenta zona de confort.

Es por lo anterior que experimentamos tanto sufrimiento, estamos inevitablemente viviendo una Mentira, la mentira del control de todo lo que nos rodea, la mentira de la estabilidad externa.

Me agrada pensar que estamos más que preparados para vivir los procesos de cambio y para eso es necesario activar la Confianza en nosotros, quienes nos rodean y nuestro espíritu. Ir con gratitud a estos procesos creados por nosotros mismos y anhelados por nosotros mismos, nos permitirá ir más livianos, flexibles, atentos de nuestras necesidades, y por sobre todo aceptando nuestra Fragilidad como seres humanos.

Te invito a reflexionar:
¿Estás en algún proceso de cambio?
¿Quisieras empezar un cambio y aún no sabes por dónde comenzar?
¿Qué cambios han sido más difíciles para ti?
¿Te has sentido acompañado?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
Espejos y Fractales del Alma
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La Manipulación

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La manipulación es también una característica que comparten estos personajes (Victima/Victimario), pero desde la polaridad.

La victima manipula mediante los favores, las atenciones excesivas sobre las necesidades de los demás y su entorno, así va generando una especie de lista al Debe, es decir la victima siente y cree que en algún momento cuando requiera de un favor o petición cualquiera, esa lista le asegurará un Sí por respuesta, sin embargo, cuando esto no sucede (se transforma rápidamente en victimario) y comienzan los cobros: ¡Y todo lo que yo he hecho por ti! ¡Todo lo que yo he sacrificado por ti!, etc.

Por otro lado, nuestro victimario(a) tiene otras formas de manipulación que son directas para obtener lo que desea. Mediante el poder utilizará la violencia psicológica, violencia verbal, violencia física y la Indiferencia (silencio).

El victimario(a) es experto en doblegar la voluntad de quienes le rodean, suele tener un carácter muy fuerte, explosivo, e intimidante. Hace creer a la víctima que es tan poderoso(a) que hasta tiene poderes más allá de sus fronteras.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Te has sentido manipulado(a)?
¿Sientes que siempre están en deuda?
¿Sueles prestar dinero que jamás te devuelven?
¿Recibes y pides ayuda con facilidad?
¿Logras trabajar en equipo?
¿Cómo te manipulan tus pensamientos?

María José Tardón García
Humana en cuerpo de mujer tratando de experimentar el Ser
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La Queja

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Debemos tener presente y recordar que ambos se encuentran viviendo en el exceso, mientras la víctima se encuentra profundamente desvalorizada, porque haga lo que haga nunca termina de satisfacer o cumplir las expectativas, esta sensación de insatisfacción prontamente se transforma en una tremenda Queja: nadie me ayuda, nadie valora lo que hago, nadie me celebra etc. Sin embargo, cuando alguien ofrece su ayuda la víctima se encarga de hacer sentir al otro inferior, recordándole que nadie lo hace mejor que ella/él y que por este motivo no puede dejar de hacerlo.

En definitiva, gracias a su actitud de querer hacer todo por los demás se rodea de un sequito de lo que luego denominará Inútiles.

Nuestro victimario(a), se quejará constantemente porque no logra encontrar en su ambiente a alguien o algo que lo satisfaga en sus necesidades y por lo tanto difícilmente conectará con la gratitud.

s como si su cerebro estuviera entrenado para ver siempre el error. Logra estar muy pendiente de los detalles, pero de los detalles negativos, de lo que falta o lo que se hizo mal.

Ambos, víctima/victimario(a), comparten la sensación de jamás encontrar soluciones que sean dignas de sus estándares tan altos, por este motivo se hunden en la queja que no tiene fin.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Frente a la dificultad soy proclive a buscar a los culpables o a buscar las soluciones?

¿Logro sentirme satisfecho(a) con mis logros o me quejo diciendo que podría ser mejor?

¿Estoy siempre en el futuro diciendo: “La próxima vez arreglaré tal o cual detalle”?

¿En mi día a día estoy más conectado(a) con la gratitud o con la queja?

¿De qué suelo quejarme?

¿De qué se queja el mundo conmigo, que es lo que me cobran usualmente?

María José Tardón García
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La Culpa

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La víctima, siempre siente Culpa, se levanta y acuesta con culpa, es más, es como si tuviera distintos equipajes con la culpa, en todo su quehacer, es su mejor compañera, quien la aconseja y le da motivación para seguir de víctima.

El victimario (a), por otra parte, no suele sentir culpa, sin embargo, cuando en algún momento logra pisar una pizca de ella, se las arregla para hacer parecer que su comportamiento violento, poco asertivo o fuera de sí, es responsabilidad del otro, es decir no asume la parte que le corresponde.

Utiliza además lenguaje físico con sus manos, o su cabeza, y la víctima hipnotizada lo va repitiendo, encontrándole la razón. Es común que el victimario (a) diga cosas como: Yo sé que tal vez la forma no fue la más adecuada, pero en el fondo si tu no hubieras hecho (esto o esto otro), yo no me habría enojado, yo no te habría insultado, yo no te habría castigado, etc. Pone la responsabilidad de su violencia en otro que interpreta de víctima.

La culpa, merece ser tratada con respeto.

No es necesario que analicemos desde dónde se gestó, ya que podríamos entrar en discusiones que nos lleven a las filosofías religiosas, en mi caso el solo hecho de aceptar que la culpa era el primer programa que mi cabeza echaba andar religiosamente al despertarme, con eso solo me basta para poder hablar de ella. Paso a comentarte algunas características:

Castigo: Recordemos que todos los culpables merecen ser castigados, porque en estricto rigor hicieron algo malo, son seres malvados (no respetan las normas, los buenos modales, trasgreden límites, sin respeto de la autoridad, etc.), esto generará en nuestro interior la sensación de que hicimos algo mal, que el error o equivocarnos es fatal y que por lo tanto Merecemos castigo por nuestras conductas poco dignas, por no ser merecedores de un premio o las felicitaciones de nuestros actos.

Por lo anterior, si la vida misma no nos castiga con algún accidente, nosotros nos las ingeniáremos para que alguien nos critique y si eso tampoco nos resulta, comenzaremos a rumiar algún pensamiento delincuente que se encargue de ello.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Qué palabras uso para castigarme?

¿Qué situaciones me generan culpa?

¿Vivo pidiendo perdón por todo?

¿Me siento responsable de cada cosa que resulta mal?

¿Suelo tener gente a mi alrededor que me critica constantemente?

¿Acepto los errores como parte del aprendizaje o rápidamente me castigo?

¿Culpo a lo demás de mis situaciones desfavorables?

María José Tardón García
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La piedra en el zapato

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Muchas veces en nuestra vida, nos encontraremos con pequeños obstáculos, y decidimos conscientemente hacer la vista gorda o pretender como que nada está pasando o le restamos la verdadera importancia.

Es necesario darnos cuenta de que siempre podemos decidir cómo queremos vivir o decidir con valentía hacernos cargo de esas pequeñas piedras en nuestros zapatos. Para esto debemos detenernos a pensar y generar las acciones correctivas a las que estos obstáculos pequeños nos invitan a reflexionar.

Porque tarde o tempano aquellas piedrecillas que parecían pequeñas molestias, se van acumulando en nuestra vida y terminan siendo verdaderas Rocas que nos demandarán mucha energía y esfuerzo en poder sortearlas.

Estas pequeñas piedras, son la invitación o la oportunidad para que tomes consciencia de que lo natural es que vayas por la vida liviano, sin dolores, caminado con confianza, sin arrastrar pesos que tú mismo(a) tal vez te hayas impuesto.

La vida siempre nos susurra, siempre está dispuesta y a nuestro favor, sin embargo, cada uno de nosotros(a) debe hacer su parte (arte), para transitarla de la mejor manera.

Te dejo la inquietud para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Dejo pasar las pequeñas incomodidades, con la ilusión que se resolverán por arte de magia?

¿Tomo acciones correctivas cuando tengo obstáculos en mi camino?

¿Cuántas piedrecillas se han convertido en verdaderas rocas en mi vida?

¿Veo los obstáculos como oportunidades o me dejo colonizar por la queja y el victimismo?

María José Tardón García
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Ausencia de límites saludables

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La victima (o/e), dice a todo que Sí, es como si tuviera una especie de piloto automático, y esto lo podemos entender porque la victima (o/e) evita los conflictos a como dé lugar. En algunas oportunidades, y tal vez en la mayoría de las ocasiones, la victima (o/e) dice un Sí cuando en realidad es un No, sin embargo, desdecirse le genera tanto dolor interno que termina cediendo frente a los deseos, favores y peticiones de los demás.

Es en este punto donde se desdibujan los Límites. Simplemente no puede poner límites porque eso significaría aprender a decir NO.

Esto se justifica porque la victima (o/e) sabe y tiene la experiencia de vivir en presencia con su polaridad el victimario (a/e) quien no acepta un No por respuesta (ya que esto genera conflicto). El conflicto se resolverá mediante la violencia física, verbal, psicológica, sexual, monetaria y, la más dolorosa de todas, la Indiferencia. Por lo anterior nuestro victimario (a/e) también tiene desdibujados los límites del otro, arremete y se adentra más allá de lo que podría ser saludable.

Nuestro victimario(a) no acepta un No por respuesta, y tiene técnicas muy sutiles como por ejemplo la insistencia a diferentes horas del día, cobrar favores realizados en el pasado, mostrarse incapacitado(a), incluso usar una enfermedad y el dolor como manipulación para conseguir ese tan anhelado Sí.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

 

¿Soy consciente de mi piloto automático del Sí a todo?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones familiares?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones laborales?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones de pareja?

¿Logro establecer límites saludables en las relaciones conmigo mismo (a)?

¿Qué me pasa cuando recibo un NO por respuesta?

¿Acepto respetuosamente los límites de los demás?

María José Tardón García
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Conflicto de Identidad (¿Quién Soy?)

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La Victima, va generando un profundo conflicto de identidad, porque en su afán de no generar conflicto o problemas se camufla o se pierde en los deseos de los demás.

Es decir, si no está de acuerdo con algo prefiere callar antes que manifestar lo que piensa y menos lo que siente, esta es una manera de defenderse ya que sabe que para ella (él) el conflicto trae castigo por parte de su perpetrador(a) (castigo físico, psicológico, verbal, emocional)

Si dedicamos gran parte de nuestro día a satisfacer los deseos de los demás nos volvemos muy observantes de nuestro entorno, desde una sensación de estar constantemente en modo alerta (supervivencia). Y en este afán vamos perdiendo nuestra identidad, llega un día en que no podemos tomar decisiones, que esperamos siempre que alguien más decida por nosotros o comenzamos a contestar con un ¿No sé, elige tú, qué quieres tú, lo que tú decidas estará bien para mí?. Ya no sabemos quiénes somos realmente, sintiéndonos vacíos y profundamente solos (as).

También lo hacemos por sentir la sensación de molestar y no ser merecedores de que alguien tenga un gesto donde se satisfagan primero nuestros deseos o necesidades como siente la víctima(o). Es por lo anterior, que la víctima(o), siempre pide perdón por todo, pide perdón en realidad por su existencia y se va conformando con migajas.

La crisis de identidad también nos puede conectar con la sensación de estar perdidos(as) y asustados de no poder definirnos o tomar decisiones.

Por otro lado, nuestro perpetrador(a), debe recordar que siempre en esta vida hay alguien por sobre o debajo de nosotros, o así al menos pensamos esta realidad/dualidad. Por lo tanto, quien tiene conductas de victimario(a) en la casa o trabajo les aseguro que tiene un nicho donde es la más profunda de las victimas(o), esto suele suceder generalmente con nuestros progenitores, porque esta conducta ha sido aprendida de uno de ellos, no se desarrolla por osmosis.

Te dejo la inquietud, para que te hagas las siguientes preguntas:

¿Puedo tomar decisiones sintiéndome libre?

¿Me siento merecedor?

¿Si soy el único(a) que quiere algo diferente, me atrevo a manifestarlo, me atrevo a pedirlo?

¿Me quedo pegado(a) en la duda cuando quiere decidir algo?

¿Qué tan seguido otros deciden por mi o me dejo llevar por la masa o lo que la mayoría piense?

María José Tardón García
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